Entra luz y sombra, penumbra

por José Daniel Guerrero

A lo largo de la historia se han reconocido a muchos personajes dándoles  un rango que tiende a la perfección. Podríamos hacer una gran lista de aquellos que han sido reconocidos por sus hazañas y virtudes a favor de la humanidad, aunque también están los que poseen grandes  cualidades pero las han utilizado para fines nada altruistas.

En esta dicotomía no hay puntos intermedios: son buenos o malos, son ángeles o demonios, son amigos o enemigos. Este maniqueísmo tiende mucho a determinar nuestras relaciones sociales afectando la percepción que tenemos de los demás. Esta tendencia es propia de una sociedad que se basa en la apariencia más que en la naturaleza humana y  es un problema antiguo—como se puede constatar en la literatura—y se manifiesta en la actualidad en fenómenos tan terribles como el terrorismo y otras manifestaciones dogmáticas.

Bajo esta dicotomía, la luz y la sombra son las formas que en nuestro presente se representa la naturaleza del ser humano; pero ¿todos somos luz o sombra? ¿Se puede afirmar esta naturaleza de forma precisa? En realidad no, pues sombra es sinónimo de oscuridad y ésta a su vez es falta de luz; por lo tanto, no existe dicotomía. Los seres humanos somos seres de luz; algunos con más, otros con menos, pero al fin de cuentas, de luz.

Bajo esta premisa, un ser humano no podría ser totalmente luz o sombra. Sería una penumbra, una apariencia “… entre la luz y la oscuridad, que no deja percibir en dónde empieza la una o acaba la otra” (DRAE, 2001).

Dicha idea se confirma por la naturaleza inacabable y perfectible del ser humano, pero también genera problemas filosóficos y pedagógicos como en el caso del concepto de educabilidad y—muy importante—la condición del hombre. Así, bajo la idea de penumbra habrá que volver a leer  “Nuestra Señora de París” o “Los Miserables” de Víctor Hugo o bien al “Demonio de la Perversidad” de Edgar A. Poe ,(por citar algunos ejemplos), para  encontrar una visión diferente del ser humano, aquel ser que es penumbra o más bien, que se encuentra entre el bien y el mal, entre la luz y la sombra si es que, apreciado lector, quiere descubrirlo desde la perspectiva literaria.

Entre este ir y venir del ser humano, entre la luz y la sombra se determina la idea del hombre. ¿Usted, estimado lector, tiene una idea del hombre? No es definirlo, sino la idea que tiene de él; la idea que tiene la sociedad del hombre en la actualidad. No hay mejor forma de obtenerla que mediante la Filosofía, lo cual implica reflexión, pero parece y se constata cada vez que esta actividad es reemplazada por la urgencia y la celeridad con la que nuestra cultura occidental nos mantiene siempre.

El hecho de que en la actualidad se reflexione poco y se consuma más es preocupante, se está perdiendo el saber de lo humano como lo afirma Nicol. El hombre, dice, “… se está deshumanizando” (1989). Esto se observa en la descomposición social de los países, en las políticas de Estado que benefician a unos pocos y en la simulación de los empresarios con respecto al obrero al que siguen considerando mercancía y no ser humano.

Si hay una deshumanización, es necesario revertirla. Pero ¿cómo recuperar la humanidad?

Respuesta: Recuperando el pasado, la historia, algo que la post-modernidad le ha arrebatado al hombre. Eduardo Nicol, en un artículo publicado en La Gaceta del Fondo de Cultura Económica (1989) titulado “Sócrates, que la hombría se aprende”—y  que recupera en la compilación Las ideas y los días el filósofo Arturo Aguirre Moreno (2007)—nos señala los tres conceptos que conforman el humanismo (retomando las ideas socráticas): a) la paideia, que significa educación; b) la autognosis: el conocimiento de sí mismo y c) la autotarkia: el dominio de sí mismo.

Ante el humanismo y la falta de éste, entre la luz y la ausencia de ésta, la paideia, la autognosis y la autotarkia son el motor para un crecimiento de la espiritualidad del ser humano y el desarrollo de su vocación, los cuales son amedrentados con profusión por el dogmatismo y la utilidad. Por desgracia, el humanismo está perdiendo terreno y la barbarie ocupa su terreno perdido; la humanidad está en crisis desdibujando la sutil silueta del ser humano y de la penumbra se pasará a la oscuridad casi total: sólo queda resistir.

Bibliografía

Diccionario de la Real Academia Española (22a ed.). (2001). Disponible en http://www.rae.es/rae.html.

Nicol. E. (2007). Las ideas y los días. A. Aguirre Moreno (Comp.). México: Afínita Editorial.

Este trabajo se encuentra bajo una licencia

Creative Commons Attribution-Noncommercial-No Derivative Works 2.5 Mexico License

México

Julio 19, 2010

Hecho en OpenOffice 2.4.1 en la distribución Linux Ubuntu 8.04 Hardy Heron publicada en abril del 2008.

jdguerrerog@yahoo.com.mx



A lo largo de la historia se han reconocido a muchos personajes dándoles  un rango que tiende a la perfección. Podríamos hacer una gran lista de aquellos que han sido reconocidos por sus hazañas y virtudes a favor de la humanidad, aunque también están los que poseen grandes  cualidades pero las han utilizado para fines nada altruistas.

En esta dicotomía no hay puntos intermedios: son buenos o malos, son ángeles o demonios, son amigos o enemigos. Este maniqueísmo tiende mucho a determinar nuestras relaciones sociales afectando la percepción que tenemos de los demás. Esta tendencia es propia de una sociedad que se basa en la apariencia más que en la naturaleza humana y  es un problema antiguo—como se puede constatar en la literatura—y se manifiesta en la actualidad en fenómenos tan terribles como el terrorismo y otras manifestaciones dogmáticas.

Bajo esta dicotomía, la luz y la sombra son las formas que en nuestro presente se representa la naturaleza del ser humano; pero ¿todos somos luz o sombra? ¿Se puede afirmar esta naturaleza de forma precisa? En realidad no, pues sombra es sinónimo de oscuridad y ésta a su vez es falta de luz; por lo tanto, no existe dicotomía. Los seres humanos somos seres de luz; algunos con más, otros con menos, pero al fin de cuentas, de luz.

Bajo esta premisa, un ser humano no podría ser totalmente luz o sombra. Sería una penumbra, una apariencia “… entre la luz y la oscuridad, que no deja percibir en dónde empieza la una o acaba la otra” (DRAE, 2001).

Dicha idea se confirma por la naturaleza inacabable y perfectible del ser humano, pero también genera problemas filosóficos y pedagógicos como en el caso del concepto de educabilidad y—muy importante—la condición del hombre. Así, bajo la idea de penumbra habrá que volver a leer  “Nuestra Señora de París” o “Los Miserables” de Víctor Hugo o bien al “Demonio de la Perversidad” de Edgar A. Poe ,(por citar algunos ejemplos), para  encontrar una visión diferente del ser humano, aquel ser que es penumbra o más bien, que se encuentra entre el bien y el mal, entre la luz y la sombra si es que, apreciado lector, quiere descubrirlo desde la perspectiva literaria.

Entre este ir y venir del ser humano, entre la luz y la sombra se determina la idea del hombre. ¿Usted, estimado lector, tiene una idea del hombre? No es definirlo, sino la idea que tiene de él; la idea que tiene la sociedad del hombre en la actualidad. No hay mejor forma de obtenerla que mediante la Filosofía, lo cual implica reflexión, pero parece y se constata cada vez que esta actividad es reemplazada por la urgencia y la celeridad con la que nuestra cultura occidental nos mantiene siempre.

El hecho de que en la actualidad se reflexione poco y se consuma más es preocupante, se está perdiendo el saber de lo humano como lo afirma Nicol. El hombre, dice, “… se está deshumanizando” (1989). Esto se observa en la descomposición social de los países, en las políticas de Estado que benefician a unos pocos y en la simulación de los empresarios con respecto al obrero al que siguen considerando mercancía y no ser humano.

Si hay una deshumanización, es necesario revertirla. Pero ¿cómo recuperar la humanidad?

Respuesta: Recuperando el pasado, la historia, algo que la post-modernidad le ha arrebatado al hombre. Eduardo Nicol, en un artículo publicado en La Gaceta del Fondo de Cultura Económica (1989) titulado “Sócrates, que la hombría se aprende”—y  que recupera en la compilación Las ideas y los días el filósofo Arturo Aguirre Moreno (2007)—nos señala los tres conceptos que conforman el humanismo (retomando las ideas socráticas): a) la paideia, que significa educación; b) la autognosis: el conocimiento de sí mismo y c) la autotarkia: el dominio de sí mismo.

Ante el humanismo y la falta de éste, entre la luz y la ausencia de ésta, la paideia, la autognosis y la autotarkia son el motor para un crecimiento de la espiritualidad del ser humano y el desarrollo de su vocación, los cuales son amedrentados con profusión por el dogmatismo y la utilidad. Por desgracia, el humanismo está perdiendo terreno y la barbarie ocupa su terreno perdido; la humanidad está en crisis desdibujando la sutil silueta del ser humano y de la penumbra se pasará a la oscuridad casi total: sólo queda resistir.

Bibliografía

Diccionario de la Real Academia Española (22a ed.). (2001). Disponible en http://www.rae.es/rae.html.

Nicol. E. (2007). Las ideas y los días. A. Aguirre Moreno (Comp.). México: Afínita Editorial.

Este trabajo se encuentra bajo una licencia

Creative Commons Attribution-Noncommercial-No Derivative Works 2.5 Mexico License

México

Julio 19, 2010

Hecho en OpenOffice 2.4.1 en la distribución Linux Ubuntu 8.04 Hardy Heron publicada en abril del 2008.

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